Embarazo y COVID-19

La propagación tan rápida del COVID-19 a nivel mundial crea la preocupación global por la salud de las gestantes y sus fetos. Aunque la OMS no ha dado reportes de que esta enfermedad afecte al feto, es claro que una enfermedad que comprometa la salud del sistema respiratorio de una gestante es algo grave.


El Ministerio de Sanidad de España, uno de los países más afectados por la pandemia, tras analizar los estudios existentes del tema aclara que las mujeres embarazadas no tienen mayor riesgo de contraer el COVID-19. Aún así, el ministerio publica un protocolo para la “atención de la mujer embarazada y del recién nacido con COVID-19”.

En tal artículo se trata la incidencia de contagio siendo más alta en los hombre que en las mujeres, reconociendo que las mujeres en etapa gestante pueden contagiarse de COVID-19 pero hasta la fecha no se reportaban casos de embarazadas contagiadas que desarrollaban neumonías o fallos respiratorios.



Sospecha de Embarazada con COVID-19


En el protocolo publicado por el Ministerio, se expone que el primer paso es que la personas embarazada debe actuar como cualquier otra persona en caso de que sospeche de haber sido contagiada con COVID-19, es decir, hacer el llamado a la línea de emergencia.

El traslado de la embarazada hacia el recinto de salud puede ser a través de vehículo particular o en ambulancia, sin dejar de lado el uso estricto de la mascarilla.

El personal de salud debe de tomar en cuenta el periodo de gestación en el que se encuentra la embarazada. Así como tomar las medidas pertinentes para garantizar la salud del paciente y del feto.


Por debajo de las 24 semanas de embarazo se comprobará la viabilidad fetal y se seguirá el mismo protocolo de cuidado que se utiliza durante este tiempo. Por encima de las 24 semanas de embarazo el paciente queda en observación hasta que se compruebe o descarte el contagio por COVID-19.

El bienestar fetal se comprueba a través de ecografías o con el registro cardiotocográfico (RCTG) en relación a las semanas de embarazo de la paciente.


El aislamiento del paciente embarazado es esencial ya que previene la posible infección de otros en el establecimiento sanitario. Así mismo, se evita el posible contagio si el resultado de la prueba arroja un diagnóstico negativo.



Embarazada con COVID-19


El manejo de la paciente embarazada con COVID-19 es esencialmente delicado. La optimización y estabilización del paciente es lo esencial, dedicando un equipo multidisciplinar para la evaluación y seguimiento del paciente.


El deterioro pronunciado de la salud de la embarazada con COVID-19 es un problema focal que se debe tratar como prioridad. Esto se debe a que la evolución de la enfermedad en el cuerpo ocasiona un deterioro avanzado del sistema respiratorio. Esto puede ocasionar que el paciente sufra de insuficiencias respiratorias. En la mayoría de los casos avanzados, la ventilación mecánica no suele ser suficiente para la oxigenación de la gestante y del feto. En estos casos se plantea la oxigenación por membrana extracorpórea.



Parto de Embarazada con COVID-19


Para asistir al parto de la embarazada con COVID-19 el personal de salud debe de utilizar el equipo de protección personal adecuado. Para determinar la vía de parto es necesario la evaluación del equipo multidisciplinario antes asignado.

Una vez acordada la vía de parto se debe evaluar el correcto aislamiento madre-hijo, para poder garantizar la realización del clampaje cardíaco del cordón. Así como posiblemente evaluar la viabilidad del contacto piel con piel después del nacimiento.



Recién Nacido y COVID-19


En cuanto al manejo del recién nacido con COVID-19 se debe tomar en cuenta dos aspecto. Si el recién nacido se encuentra asintomático, se debe realizar un monitoreo y evaluación constante, así como debe ser ingresado a un habitación individual. En caso del recién nacido presentar sintomatología, se deben seguir los pasos anteriores, pero con un régimen de monitoreo más estricto.


Por otro lado, si la madre arroja negativo en la prueba para el COVID-19, no es necesario realizar la prueba al recién nacido.


Actualmente no existen estudios que expongan el riesgo de ocntagio a través de la leche materna hacia el recién nacido. Por esto se debe insistir en la lactancia materna, ya que ofrece mucho beneficios al recién nacido.


Aún así, debido a su alto índice de contagio, existe el riesgo de transmisión de COVID-19 hacia el recién nacido en el mismo local sanitario. Esto se incrementa si el recién nacido es un bebé prematuro. Tal y como se dio el caso del recién nacido prematuro de tan solo un mes y siete días de nacido que se convirtió en la víctima mortal más joven de la pandemia.

Igualmente, no se puede dejar de lado el peligro inherente al que se encuentra expuesto un bebé prematuro. Por lo que las consecuencias de su muerte no se le pueden atribuir únicamente al COVID-19.



Madurez del Sistema Inmune


La madurez del sistema inmune de todas las personas se alcanza alrededor de los 18 a los 24 meses de vida. Es por esto que los primeros meses de vida de un bebé son especialmente críticos si esté es contagiado con COVID-19.


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